El adiós en el exilio

La partida de quienes queremos, mientras nos separan eternos kilómetros de distancia, taladra la mente y estruja el corazón.

Quisiéramos dar zancadas de gigante y vulnerar todas las barreras, fronteras, nacionalidades y banderas que nos separan, para en reunión de símiles poder compartir consuelo.

Cuando parten nuestros seres amados y se está en el exilio, vemos como otra de las ramificaciones de nuestro arraigo, desmembrado por obligación, desaparece de nuestro intento de sembrarnos en otras latitudes.

Hoy partió de este mundo mi tía Columba, una de las personas más dulces que conocí en mi vida, la que siempre me decía “niñita” con ternura aunque ya estuviese grande y de cuya boca nunca escuche un comentario injusto o imprudente.

Otro ciclo de la vida que se cumple, pero con infames agravantes: Una familia regada por el mundo, por obligación y que sólo tiene como herramienta para darse consuelo un grupo de WhatsApp.

Que duro pegas exilio…

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